19 noviembre 2010

ELUCUBRACIONES SOBRE AMOR NO CORRESPONDIDO


                 


ELUCUBRACIONES SOBRE AMOR  
NO CORRESPONDIDO


La zorra, cuando no pudo coger uvas, que estaban muy altas dijo:¡ Bah! Las uvas están verdes.

Cuando se sufre una decepción tipo pasional, como seres humanos debemos  reconocer que nos faltó “hilo para hacer bailar ese trompo” y lo honesto es aceptar que nosotros no somos “ las medias para cubrir esas piernas·

”Ni, menos, por falta de hombría, desprestigiar a sea fémina que nos rechazó. Lo que admirábamos hace unos momentos no podríamos repudiarlo ahora. Sería una incongruencia. Entonces ese individuo actuaría sin poseer en  su alma  ninguna sensibilidad y respeto hacia el ser que decía  querer, desear, amar. Nada hay que lo justifique.

Amar,  querer, desear, admirar son términos diferentes pero que usamos para relacionarlos a una persona por la cual sentimos algo especial y con  la cual no hemos concretado nada aún, y que sí deseamos, íntimamente y también queremos exteriorizar, manifestándoselo.

Su negativa, cualquiera sean las razones, es respetable y hay que aceptarla.

La vida no se acaba porque se termina una relación. Hay que tomarlo con madurez. Hay que dejarla ir y seguir nuestro camino
El que ama puede considerar que compensa tener esa vivencia aunque tenga la sensación emocional de angustia. Prefiere estar enamorado sin ser correspondido que no sentir nada.

Sin embargo simultáneamente a veces puede ser una gran fuente de satisfacción la sensación de tener a alguien a quien amar, aunque ese amor no sea recíproco.

El amor recíproco es respeto entre dos personas, es libertad de sentimientos, es libertad de palabras para exponer sus ideas, es ayuda mutua, comprensión, es no traicionarse, ni con el pensamiento, es compartir dicha, tristezas, felicidad, es entregarse totalmente dos personas. De ahí el decir:” El amor es el egoísmo de dos almas”

El rechazo de la persona objeto de sus sentimientos puede desencadenar en el sujeto cuadros de melancolía, depresiones y accesos de llanto e ira.

En especial aquellas de personalidad reservada, son susceptibles de albergar este tipo de sentimientos y en algunos casos llevarlos al extremo.

Es menos frecuente en personas que tienen un alto respeto por sí mismos, pertenecen a familias bien constituidas y que además están dispuestos a jugar las reglas del amor de manera inteligente y a aceptar sus consecuencias como algo normal en la vida

Mucha gente ansía tanto este tipo de sentimiento que continuamente busca nuevas fuentes u objetos de capricho para saciar dicho deseo.

El enamoramiento desencadena un estado hormonal y psicológico completamente diferente al amor maduro aun cuando este amor maduro sea muy satisfactorio

El estado de ánimo producido por una desilusión lo describían en el siglo XI los trovadores y hoy en día para muchos cantantes es un tema recurrente:

Nos deja triste, desorientados y llenos de ansiedad. Deja una estela que sólo llena la soledad. Dar tiempo al tiempo siempre  es lo mejor. Sólo nos queda una nostalgia envuelta en un adiós. (Chayanne)”

BIBLIOGRAFIA
Wikipedia









16 noviembre 2010

CARTA A LA AMADA AUSENTE

                 
 CARTA A LA AMADA AUSENTE


Una temeraria carta convertida en avioncito, empujada con ternura, ayudada por una cómplice brisa amiga, alzará un pasional vuelo:

¿Hacia qué tiernas latitudes, inundadas de tristes inclemencias, alcanzará?.

¿Acaso su rumbo cargado de esperanzas será atraído por una delicada rosa cuyas espinas las oculta para no dañarle más aún?

¿O tal vez la crudeza de los años haga esquivo el aterrizaje y sepulte añejas ilusiones en torturante realidad?
.-Sólo una pregunta aflora en esa carta.

Pero antes, el que suscribe, se pregunta: ”¿El misterio de sus ojos muestran aún, la ilusión que le iluminan?¿Sabe que otra vez lo tiene frente a su vida?

No ha cambiado, ni es distinto- Los días pronto pueden pasar.

Quiere saber si está triste. Quiere saber si logrará que él vuelva a querer. Saber que regale “amor” a su vida. Quiere un querer.

Por una ventanilla entornada de su irreal mundo penetran sus miradas para dibujarla tan bella, tan misteriosamente sutil, y de ojos chispeantes de sensualidad que invitan a inclinarse rendidos ante tan divina aparición.

 ¿Cuánto falta para alcanzarla? Es lo que desea saber

Y si la espera indica fracaso dirá junto a Gabriela:”Los cielos morados estarán avergonzados de su derrota”.-

Avioncito  mensajero que transportas  por los aires una oda de amor esperanzado, no regreses nunca si la siempre amada ausente eleva su voz plañidera para suavizar el dolor  eterno que deshará los sueños de un ser enamorado.

Y si regresas, hazlo pronto porque la incertidumbre es un puñal perpetuo en un afligido cuerpo agonizante que sólo revivirá con el aroma que traigas del nirvana de su amor…

13 noviembre 2010

EL TRAPECISTA


EL   TRAPECISTA



Era un solitario atleta. Su vida no había sido fácil. Siempre caminó bordeando los límites de la felicidad. Se llamaba “ el feliz hijo del tiempo”. Otro día cuando las cosas no caminaban bien se hacía llamar “el infeliz vástago perdido”. Parecía una orquestación inconclusa con bemoles y  sostenidos descompasados en una música realmente bien hecha.

 El era un individuo físicamente atractivo sin llegar a ser un Adonis. El era la música, lo armónico, el producto humano de una descendencia privilegiada. Los bemoles  aparecían  debajo de esa epidermis excelsa en forma de disconformidad irritante que desentonaba con su figura y producto de esa sensibilidad latina que le hacían vulnerable a hechos importantes que ocurrieron en su vida de romántico esclavo del dios Amor.

Y para concluir con esta humana sinfonía, los sostenidos aumentaban un tono más sus fracasos amorosos y en una exagerada nostalgia, permanecía gran parte de su tiempo preguntándose dónde estaba la causa del fracaso ¿Porqué su vida sentimental fue tan hostil, tan lejana, tan desafinada, musicalmente hablando?

El amor, esa golosina del corazón, le había sido esquivo.

Se había enamorado de una jovencita, pero él ignoraba que el corazón de una jovencita es un libro cerrado: para leer en él es preciso ser amado por ella.

Ella nunca le ofreció amor. Ella admiró su físico. Así como otras miran el dinero, el dinero que da poder, pero no amor. Ella no vio su corazón sino una piel que le  ocultó lo   mejor . Y un día cualquiera ella se alejó de él.

Lo que nuestros ojos ven  es muy distinto a lo que nuestros sentimientos perciben.  Son rayos no reconocidos, aún, que  penetran profundamente atacando dermis, epidermis, músculos y quedan alegremente enredados, finalmente, en nuestro corazón, haciendo del individuo un ser distinto, lleno de felicidad, lleno de aire idílico, de indescriptible deseos de vivir y expresar alegría a todo el mundo. Es un bello trastorno.

¡Cómo había soñado él con sus brazos que fueran cuna de su cansancio!¡Con su piel que fuera calor  a sus sueños!¡ Cómo había entregado él su vigor para que fuese protegida cómo ángel débil en sus ensueños!

Lo que empieza termina. Y su romance había llegado al final. Se transformó en solitario. Los ojos de ella le perseguían y su mirada, aún, le turbaba  y le cegaba ante otras féminas que veía pasar indiferente.

La mayor desdicha que se puede tener es amar sin ser correspondido.

Los ilusos dicen que la amistad es el amor sin alas; el amor pasa, la amistad, queda. Aquí, nada quedó de nada. Todo murió. Nada quedó.

Estamos en el circo y nuestro trapecista está alejado del mundo. Empieza poco a poco  moverse el trapecio y con él ese hombre despechado. La altura del trapecio le brinda una visión más angustiosa, aún. Ahora una sorda aflicción aturdía  su alma, mecía descontroladamente sus pensamientos y desatendía rítmicamente su atención en lo que  hacía.

La luna  a través de la carpa brilla como siempre. Pero esta no es la misma noche. El piensa: Estoy solo. Ella está lejos.

El debe mover más rápido su trapecio, lanzarse al vacío y con una arriesgada voltereta ser cogido por los puños de otro trapecista que ansioso espera. Está inquieto porque  su amigo demora más de la cuenta. Nunca lo había visto tan nervioso-¿Qué estará pasando por la cabeza de su amigo? – se pregunta.

Finalmente se lanza, vuela, vuela, pero va cayendo suavemente y se va transformando en un mundo de naipes que se dispersan por todas partes. Caen en la pista, vuelan hacia el público que está maravillado y después de segundos de volteretas, se juntan, y vuelve a aparecer nuestro trapecista y abre sus brazos como alas salvadoras que le impulsan milagrosamente y alza el vuelo de regreso hacia su trapecio. Hacia su seguridad.

Su imaginación le ha traicionado. Su mente, afiebrada, delira…Amor ( piensa)¿Porqué me has dejado?

Se da impulso y ahora vuela a la realidad. Su amigo le coge fuertemente, mientras el público aplaude,  ignorando la tragedia que nuestro protagonista lleva por dentro: Soledad y pena de amor que siempre le acompañará hasta que encuentre el verdadero amor.   ¿Dónde lo hallará?: En el silencio azul de una callada noche. O en el atardecer pensativo de una nostalgia blanca. ¿Acaso se escabulle juguetón entre las estrellas titilantes que sonríen  ante su casi oscura desgracia?

.¡No! Encontrará lo que busca porque él hundió su dicha en una rosa de espinas suaves que  le hirieron   sin compasión en su primer intento amoroso, flor de un día, dolor salvaje, agonía inocente en un sendero desconocido que trocará jubiloso en aromas verdaderos  cuando a la vuelta del destino se   asome   aquella  que su corazón espera.

Cuando el amor nos acoge podemos decir: Nosotros nos miramos y al mirar sonreímos. Y Curamos nuestra pena con besos de cariño.

Del camarín del circo sale un renovado atleta. Un dardo   mal lanzado lastimó su vida. Le oscureció su espacio y fatalizó su estrella. Bastaron segundos en la altura, bastaron luces de ruego que su boca pedía y con nuevos bríos desde un  elevado trapecio lanzó a la nada lo que le atormentaba.

Abrió la cortina que hacía de puerta y se dijo: ¡He ahí la vida!

Aceleró su paso y se perdió en la bruma de esa iluminada noche que le había devuelto lo que segundos antes creyó… perdido
.           

07 noviembre 2010

TOQUI Segunda Parte: La INFIDELIDAD de TOQUI



TOQUI Segunda  Parte:  La infidelidad de TOQUI

Ocurrió lo siguiente: Arrendábamos una casa que poseía un patio cuya parte posterior colindaba con el cuartel de Carabineros del pueblo. Lo separaba un cerco de madera. No era  alto y entre tabla y tabla del cerco quedaban separaciones a través de las cuales, fácilmente, se podía observar lo que ocurría en el patio de los carabineros.

Para Toqui uno de sus pasatiempo era observar atentamente, con devoción, el va y viene de esos hombres vestidos de verde. Más de alguno se asomaba a mirar la huerta que yo hacía en ese rincón del patio y me sugería alguna mejora que podría realizar para obtener óptimos resultados de esas aventuras hortelanas de mi juventud. Toqui, siempre a mi lado descansando, observaba y escuchaba esas repetitivas escenas.

Hoy me pregunto cuánto captaba este animal de esos coloquios humanos: De un civil y un uniformado. De un conocido , amigo y un desconocido humano vestido de verde. Tú que me lees, medita e incursiona en una probable relación.


En el ínter tanto, nosotros, habíamos comprado una casa con un gran patio- Y luego construiríamos una casa a nuestro gusto y de acuerdo a nuestro peculio. Había llegado el momento de partir con nuestros “monos y petacas”, porque volver a arrendar nunca jamás. Tal vez hayan cambiado las cosas. Pero cuando uno es dueño aunque sea de una pocilga está más seguro y tranquilo que en casa ajena. Yo adoro sólo lo que es mío. Lo ajeno puedo admirarlo con envidia sana. Pero ser dueño de cuatro tablas es lejos superior a ser pseudo dueño de la mejor suite.

Y  llegamos a la parte álgida de este relato ¿Qué pasó con Toqui el día de nuestra partida?¿Saltaba alegremente, jugueteaba travieso ante la inminente partida?. El movimiento nervioso de los que se iban ¿Acaso lo percibió?. Un perro común hubiese sido el primero en estar sentado en el medio de transporte contratado, moviendo alegremente su cola  en señal de canina  aprobación. O si no, hubiese marchado al lado de sus amos, caminando de un lado a otro como un capataz organizando y exigiendo  rapidez y eficacia a sus ocasionales peones.

Nada de esto sucedió. Toqui se ”amurró” y decidió quedarse. Renunciaba a su amo. Y cual caballero andante, orgulloso de su decisión y soñador de mil batallas a ganar, desafiante, salió de la casa que dejaban sus ex amos, giró hacia su izquierda y marchó. O mejor corrió y llegó donde sus amigos: los carabineros. Y sin tapujos entró al cuartel donde fue recibido como uno más. ¡Total era un perro policial! Y su lugar, según su decisión, era el más adecuado para servir a los humanos.

Piensen qué pasaba por su perruna cabecita. Qué lo motivó a  adoptar tan carabinera decisión.

Tiempo después de estos sucesos, el sargento a cargo de esa unidad y gran amigo mío, me informó, muy contento, que la prefectura le había otorgado a Toqui un derecho a “ rancho” lo cual significaba que se le asignaban ciertos dineros para comprarle alimentos. Vale decir, Toqui, oficialmente, pertenecía a las fuerzas de Orden , a los distinguidos Carabineros de Chile.

Su función fue acompañar a carabineros en sus salidas y patrullajes y hacer de “ guapo” cuando personas ajenas a los uniformados pretendían entrar al cuartel.

Así, los días se sucedían tranquilos en nuestro hogar Y Toqui ya no figuraba en la lista familiar. Comprendía que Toqui había elegido, por instinto, un tipo de vida, que  a lo mejor, atávicamente hablando, se asemejaba a una existencia más cercana a la que vivieron sus ancestros. Quizás más acción, más libertad. A lo mejor esos hombres vestidos de color verde le recordaban inconscientemente, la selva, lo salvaje, un hogar perdido en la inmensidad y lejanía del tiempo y que alguna vez pudo ser.

Sea como fuere, lo cierto que Toqui, para mi, rompìa las reglas que regían las conductas de estos cuadrúpedos domésticos: La fidelidad hacia el amo. El cariño que estos animales expresan hacia ellos. Toqui rompía estos moldes y me dejaba desilusionado, herido y atormentado, confuso, porque confiaba en él. Su actitud me hacía recordar hechos similares pero en relación a la convivencia humana y ello me producía escepticismo que no era bueno para una persona joven con alto sentido social.

Como defensa a estos  sucesos equívocos olvidé a Toqui y asumí con pena su actitud.

Pero un hecho inesperado vino, nuevamente, a poner en tela de juicio mis aseveraciones y mi manera de pensar en relación a Toqui.

Regresando a casa a mediodía, .echado bajo el comedor de la cocina se encontraba el traidor. Estaba herido. Toqui regresaba a casa. Toqui regresaba a mí. Toqui nunca me había dejado de amar, Toqui nunca me quitó  mi condición de amo de él. Yo era su amigo.  Su padre. Su casi todo, porque él supo separar la vocación del amor- El deber del querer.

Lo cuidé con ternura de padre. Nunca aceptó a otra persona a su lado. Sólo yo,

Conversando con sus “colegas” carabineros, me informaron que una camioneta que transitaba a velocidad prohibida, había atropellado a Toqui. Se trataba, y no era ninguna novedad, de un individuo conspicuo, de los que todavía quedan por ahí. Dueño de fundo y convencido ser un semi dios a quién todos debían respetar y permitirse el lujo de desconocer a la autoridad vigente en el pueblo. Por supuesto: Ninguna disculpa, ningún parte. Nada de nada. Son los que ensucian la imagen del chileno. Y a parte, era abogado, por lo que su conducta menoscababa también a esa necesaria y digna profesión. Ojalá esas” plagas humanas” vayan desapareciendo y Chile se humanice cada día más y las combata con generaciones educadas y formadas con principios, valores y mucha justicia social.

Como les decía volví a creer en la fidelidad de Toqui porque él no quiso recibir ayuda de carabineros y prefirió volver a casa donde jamás había estado, pero donde sabía que estaría yo: su amo. Su único amo. Toqui también me enseñó a dar una mirada más reflexiva y comprensiva a mis semejantes. A separar los intereses profundos de las personas, del amor que pueden darnos, pero que no pueden expresar por estar atadas a esos afectos que las dominan o eligen voluntariamente.

Toqui una vez recuperado del accidente se recogió nuevamente al cuartel de sus amores, ahora con el visto bueno de su amo y con su mirada fulgurante, pues había comprendido que su deber estaba allá pero su corazón quedaba en casa.


Hubiese querido terminar este relato aquí y me duele llegar al final.
Todos los seres vivos tenemos en común algo trágico: la muerte.

Toqui, a la llegada de un nuevo sargento, acostumbraba a seguirlo y muchas veces pernoctaba en su casa. Una  vez este sargento dejó olvidado a ras de suelo un tarro con veneno para algún uso especial. Ustedes imaginarán lo que pudo suceder: Toqui murió envenenado.

Este relato es un homenaje a este fiel e inteligente perro llamado Toqui y no creo sea una falta de respeto haber  colocado como figura a esta entrada la imagen de Caupolicán, porque, aparte de bella, refleja un poco la vocación innegable de este insigne guerrero que, aparentemente, menoscabando a su familia como todo guerrero de vocación y por necesidad, abandonó a los suyos y emprendió una  guerra  justificada frente al invasor de su patria. Fresia, su mujer, no le reprendió el haberse alejado de la familia, sino le enrostró el haber perdido la guerra.

Fresia vislumbró lo que yo no comprendí de Toqui: El amor es una cosa y la vocación que sacrifica ese amor es otra cosa.

Esta narración nos enseña algo que los padres trasgreden: Nuestros hijos nos quieren pero debemos darles el espacio que les corresponde. Apoyémosles pero no imponiéndoles profesiones que ellos no desean. La ocurrencia de estos hechos los hace infelices de por vida. ¿Acaso queremos eso para nuestros muchachos? No, por supuesto.

TOQUI Primera Parte: Anecdotario de TOQUI




TOQUI PRIMERA PARTE: Anecdotario de TOQUI

Cuando los indígenas iniciaban una guerra ya sea contra los españoles u otras tribus enemigas, nombraban un jefe que se llamaba “TOQUI”. Era el guía el líder ,era el más bravo, inteligente y tenía que ser el más valiente y el más aguerrido.

Bien la historia que narraré no se refiere a ese jefe indígena.

Habla de un perro policial que fue llamado “TOQUI”, nombre puesto por su dueño quizás en homenaje o en recuerdo a esos héroes de nuestra historia cuando Chile vestía pañales-

Fue recibido, como regalo, cuando frisaba los dos a tres meses de vida. Era gordito, ojos muy vivaces, piel de un café claro poco definido y siempre en disposición de jugar con lo que fuera. Como todo cachorro, incluyendo al humano, tenía un instinto lúdico activo-

De visita, su dueño, un día, estando en casa de un tío muy querido, vio que tenían varios gatos macizos, muy desarrollados. En una palabra: hermosos. Y en contraste a ellos vio, en el living de esa casa a un gatito nuevo, feucho, pelito sin brillo, flaco hasta decir basta. Milagrosamente lograba sentarse y para caminar algún ángel invisible le servía de muleta pues caminaba como diciendo : me caigo, no me caigo. Era un ejemplar que se había sacado la anti-lotería .

 Pienso que como ese gatito tan desvalido , hay seres humanos que desde su nacimiento son rechazados por la rueda de la fortuna y para salir de esa condición miserable, necesitan de un mecenas , de un padrino que les dé una manito.
¡Cuántos humanos que cabalgan cómodamente en el corcel de la riqueza desvían su mirada de esas
 criaturas necesitadas. Hacen caso omiso a esa mirada suplicante que dice:¿Qué culpa tengo yo, hermano?¡Ayúdame! ¡
Cómprame la ropa y libros que necesito!¡Edúcame, paga mis estudios!¡tú puedes!

En fin. Lo pensé y así  sucedió. Me endosaron la caricatura de gato.

Yo estaba recién convaleciente de esa enfermedad que se llama matrimonio. Es decir, en ese entonces no pensaba así. Me sentía un Adán en un Paraíso. Sin serpientes que conspiraran. Sin manzanas que morder-Todo idílico. Y ahora nuestro Edén estaría invadido por un ser infra dotado. Si nos lo daban debíamos asumirlo. Y así fue. Toqui, tendría compañía. Pero mezclar aceite con agua no es lo óptimo.

El gatito se sentaba, con dificultad, en la base de la puerta que daba a la calle. –Lugar que era visitado por un tibio sol de esa época.

Como buen representante gatuno ,este minino se aseaba, “se afeitaba”y cada manito de “gato” que se echaba le desequilibraba y se ladeaba al límite del equilibrio.

Toqui observaba a su ancestral enemigo desde el interior de la pieza y lentamente se acercaba a la puerta y como buen actor, simulaba ir a tomar el sol, imaginando, seguramente que estaba asoleándose en una playa donde los roqueríos eran el gatito que estaba a su lado aseándose.

Lentamente, muy lentamente, como adolescente medianamente drogado, caía con todo su peso de gordo satisfecho sobre el lomo del gatito que con un maullido lastimero lleno de sorpresa, al principio, y de repetitivo, después, se  alejaba de aquella  horrible “fiera”, mirando su cuerpecito que recién había  

aseado y que ese” quiltro” guatón, seguramente lo había infectado. Era su pensamiento gatuno de esos instantes
.
Toqui creció rápidamente y se veía  iba a ser muy inteligente.
Un día estando yo recostado en la cama en mi dormitorio, entró Toqui. Tenía su hocico hinchado y su mirada fija en mi persona como esperando algo de mí- Entendí. Requería  mi ayuda. El me reconocía  como  su amo. Alzaba  su cabeza  y después de un momento de duda, le  abrí su hocico- Inserto en su maxilar superior de lado a lado se hallaba un hueso. Estaba muy apretado y para extraerlo tuve que hacer cierta fuerza. Pero el esfuerzo fue concluido exitosamente.

En mi mano yacía el desafortunado hueso que fue el autor de hacerme comprender que ese animal sería siempre mi fiel amigo.  Un amigo de verdad. Seríamos inseparables.

Todos  hemos tenidos “ amigos” que nos han decepcionado cruelmente y de ahí que pensé en el socorrido dicho:” Mientras más conozco a la gente, más quiero a mi perro”. Una mirada de ternura hacia ese noble perro coronó este capítulo de su Ya juvenil vida.

Pero cuán equivocado  estuve yo al pensar que este avispado animal me sería siempre fiel.
Esposas infieles, novias infieles, pololas infieles, amigos infieles…Toda una gama de perjuros. Y ahora, también Toqui. ¡No!

¡El no! Le había demostrado ternura, cuidados. Lo tenía de cachorrito y ahora cual malévola desagradecida, me quería  abandonar y dar por terminada una amistad, más que amistad, una unión familiar por más de dos años. Ya que era esa edad  que él tenía.

Bueno, y aquello de:” Mientras más conozco a la…..

Me estoy adelantando a los hechos, pero no puedo menos que  meditar sobre la podredumbre humana que se ensaña siempre con gente buena. Que hace leña a destajo de un árbol noble. Que inmerecidamente cercenan las esperanzas de gente que con sus sentimientos preclaros quieren hacer de sus vidas un nuevo Paraíso impregnados de afectos hacia sus semejantes. Es la locura misma vestida de maldad insana.

¿Quién hizo al ser humano tan defectuoso?. Muchos dirán: "Su naturaleza es buena pero don Sata metió la cola". Otros más positivistas como Rousseau, dirán: "El hombre nace bueno pero la sociedad lo corrompe".