11 agosto 2010

EL V I A J E


EL   VIAJE

El bus empezó a rodar lento; luego aceleró y tomó un ritmo que me hizo aletargar ligeramente.

Empezaba nuestra aventura rodante. Ibamos de excursión hacia aventuras estivales desconocidas, sin rumbo determinado. Habíamos dejado nuestras brújulas en el baúl de las cosas olvidadas. Nuestro instinto juvenil sería el encargado de dirigir nuestros pasos y estaríamos a la deriva mientras decidiéramos bilateralmente que sendero por fin elegir.


En nuestro afán de hacer todo bien y llevar las cosas necesarias en nuestras mochilas, olvidamos lo más esencial: la hora de partida del bus.


Cargados, incómodos en nuestra carrera inesperada, pero necesaria, sin entrenamiento previo, sin previo calentamiento, alcanzamos el bus en el minuto penúltimo a su partida. ¡No habíamos reservado pasajes! Ya empezábamos mal. ¿Eramos  jóvenes, no? Y por consiguiente imprevisores.


No habían dos asientos juntos, desocupados. Así que nos dejamos caer en sendos asientos muy distantes uno del otro. Ojalá, que más adelante, con el correr del tiempo no nos ocurriera lo mismo, ya que nuestro anhelo era vivir a concho juntos esta aventura y otras.


Mi amigo Pablo fue siempre mi antítesis: Corpulento, lleno de vida, dicharachero, superficial y en ocasiones muy arrebatado y mal genio. Podría decirse un extrovertido de marca mayor.


Sí, yo era bastante tímido creo, más bien vanidoso, siempre pensando dos o más veces mis decisiones. Era una obsesión no cometer errores y terminaba, inevitablemente, cometiéndolos. ¿Por qué tener que ser así?¿Por qué tener que llevar esta carga sobre mis hombros?. Carga que me aprisionaba, me asfixiaba, me mortificaba.


Un profesor nos comentaba al respecto que el joven siempre se dejaba arrastrar por sus emociones más bien que por su raciocinio. Nuestras decisiones iban a la par con el desarrollo psíquico, es decir, decisiones acertadas y que sólo lograríamos un equilibrio perfecto, una armonía ideal, cuando nuestro intelecto fuera de la mano con nuestras emociones y todo ello cabalgando en aras de la voluntad. Todo ello se lograría, decía el citado profesor, cuando fuéramos “maduros” y madurez implicaba tiempo y el tiempo, a su vez, traía experiencia.


Esto yo lo traducía diciéndome: “que yo era un imbécil, inmaduro, ignorante y desorientado, un bueno para nada". Me comparaba con una hoja al viento, siempre a la deriva, sin iniciativa, dejándome llevar por la opinión ajena, viviendo la vida de otros, y postergando siempre mis ideas; pensamientos que pensaba no agradaban a mis amigos. Puntualmente a mi amigo Pablo, siempre absorbente, siempre argumentando sus decisiones y siempre imponiéndomelas. Yo era demasiado atolondrado para oponerme a él. Además su “elefantiasis” me impresionaba.


¡Ah!...Vacacionar.-Sí, íbamos de vacaciones. Tendríamos un merecido descanso. ¡Vaya!... Ya no estaba muy seguro de ello. Algo me atormentaba y ese algo no era otra cosa que el darme cuenta, definitivamente, que mi conducta como estudiante no había sido la mejor. Había cometido muchos errores: llegaba tarde a clases, desobedecía las mínimas indicaciones que le sugerían sus padres para elevar su rendimiento, desaprovechaba su tiempo libre en ociosos parlamentos con Pablo. En una palabra esa actitud suya de creerse invadido en lo que yo llamaba “mi privacidad, mi espacio personal”, me impidieron oir a las personas que realmente se interesaban por mi: sus padres y profesores.


Pablo, en cambio, con su optimismo desmesurado que lindaba en la irresponsabilidad, en su afán de demostrar que el mundo estaba a sus pies, amo absoluto de su vida, siempre seguro de sí tanto en lo que hablaba como en lo que hacía, me había estado llevando a un estado de confusión que hoy parecía que iba a hacer eclosión.


Tal vez el hecho de planificar el viaje fue positivo pero llevarlo a la realidad estaba haciéndose negativo. Me estaba dando cuenta que ésto se parecía mucho a lo que hasta aquí era mi vida: Tratar de hacer bien las cosas y luego me salían mal. ¿Por qué?


Creo estaba descubriendo la razón de mi desorientación. Por un lado quería que todo me saliera bien: Le ponía empeño,  pero al parecer, poco. Y ese poco iba acompañado de incertidumbre. Pues lo lógico era que al no conocer bien el terreno sobre el cual tomar decisiones me hacía sentir inseguro de los resultados. Necesitaba el apoyo de personas con experiencia, pero a esas personas yo no las escuchaba. Me guiaba por “un sexto sentido” que creía tener y que Pablo me aseguraba poseíamos. Una especie de instinto animal.


Por lo visto ese polémico instinto animal inventado por Pablo, fallaba a cada rato y todo ésto me conducía a un fracaso estrepitoso. Estábamos haciendo las cosas a medias.


Este bochorno de estar sentados lejos uno del otro me irritaba. Yo era su compinche y me sentía frustrado, abandonado y en cierta manera liberado. Esto podría ser el principio de mi independencia.

Sí, no debería estar preocupado. Solo, saldría adelante. Usaría toda mi voluntad para observar mis errores, mis propios errores… No los de mi amigo. Respondería por mis actos. Asumiría mis responsabilidades. Ya no participaría más en conductas compartidas, donde la parte mía se reducía a un porcentaje ínfimo. Esto hacía sentirme liberado de culpa. Total era la culpa de mi jefe. Yo sólo lo seguía. ¡Figúrense, a esa edad ya tenía jefe! Lo que me esperaba era una vida de esclavitud, Hoy día con Pablo y su corte; mañana quizás con quién o quienes.


Empecé a sentirme mejor. Mis pulmones estaban recibiendo nuevos aires que hinchaban de alegría. Mi espíritu se esforzaba por demostrar al mundo mi nueva personalidad. Todo esto parecía suceder demasiado rápido. No era posible. Pero yo sabía que sí.


No era un parto prematuro, ni normal. Era un parto programado. Eso sí, no tenía fecha pero iba a suceder tarde o temprano porque los síntomas eran claro: vislumbraba una desorientación, me quejaba que las cosas no me salían bien, buscaba la razón de ello. Sólo faltaba la situación precisa que hiciera romper las bolsas de agua de mi renacer. 


Y esa ocasión era este viaje que dispensó la oportunidad de autoevaluarme sobre mis insatisfacciones cuando estuve rodeado de sentimientos encontrados.


Por primera vez alcé mi cabeza y observé a la persona que estaba sentada a mi lado. Una rubia espectacular que se mostró inquieta ante mi inquisitiva mirada.-


¿ Se te perdió algo que yo tenga?-lanzò con voz áspera-
No, por favor-dije. Sólo admiraba tu belleza.-
¡Ah!-Murmuró y se volvió hacia la ventana hundiéndose en una modorra naturalmente fingida-


Eso ya no me importaba. Ni tampoco ella me interesaba. Estaba viviendo mi nueva vida. Mi piropo fue sólo un probarme- ¿Era capaz de expresarme sin vacilaciones, sin temor?. Sí, lo estaba demostrando. No me sonrojé, ni tampoco me sentí por el desprecio de esa beldad. No estaba en la onda de buscar pareja. Estaba sondeando mi vida interior mi ego que ahora se estaba acercando a mí y podíamos entendernos y conversar de tú a tú, sin engaños. Él estaba enseñándome a  reconocer mis cosas buenas y mis limitaciones. Me estaba orientando. Me estaba ahora haciendo madurar. Y ese pensamiento me hizo sentir henchido de orgullo y felicidad.


¡No tendré héroes ni ídolos. Miraré a toda la gente como seres humanos y no colocaré a nadie sobre mi mismo en importancia!


¡¡Qué gran sorpresa se llevaría mi amigo Pablo! Mi ex-jefe, mi ex -tutor, mi ex –guía!

08 agosto 2010

LOS CUATRO DARDOS DE CUPIDO


"LOS CUATRO DARDOS DE CUPIDO”


El que no tiembla de amor
no comprende ni conoce
ni cuando sale la luna
ni lo honda que es la noche
ni por qué la hojita es verde
ni porqué mueren los hombres
( Doina popular rumana )

Durante nuestra existencia nos vemos conducidos de la mano de los instintos llamados primarios: el instinto de supervivencia y el instinto de conservación de la especie...Naturalmente hay otros instintos.

Los hechos que deseo narrar están relacionados con el instinto de la reproducción; aquel instinto que nos presiona, nos insta a relacionarnos con una mujer si es hombre y viceversa. Más claro, nos abre camino hacia la relación con el sexo opuesto.

Cuando las hormonas que rigen nuestro instinto sexual empiezan a bullir en nuestro torrente sanguíneo, refiriéndonos sólo a lo que ocurre en el hombre, éste empieza a sufrir una transformación que le deviene de niño en adulto, pasando por una etapa llamada adolescencia donde las dichas hormonas brincan a su regalado gusto y hacen al joven cambiar una enormidad y por muy retraído y calmo que sea, le hace vibrar tan frenéticamente que hizo decir a un pensador: ”Si la juventud es un defecto, muy pronto pasa”.

Poco a poco, paso a paso y en edades parecidas nosotros, los hombres, sentimos que en nuestro ser, en nuestro ser global, aparece un sentimiento nuevo, atrayente que se llama amor.

En mi caso particular, sentí o creí sentir interés por varias jovencitas y también mujeres hechas y derechas. Amores. Amoríos; pasiones que todos sentimos o hemos tenido y que terminan transformándose en nada; simples ilusiones. O bien, concretándose en amores correspondidos, algunos platónicos otros no tanto. Otros que terminan en uniones “hasta que la muerte nos separe” .Y así aparecen amores y desamores. Toda una gama de sutilezas amorosas. ¿Dónde está la novedad de todo ésto? Simplemente no la hay.

Sabemos que en la mitología griega y romana el Dios del Amor era representado por un niño que iba armado de un arco y flechas y le llamaron Eros los griegos y Cupido los romanos. Debo aclarar que para mí Eros es el Dios que representa al amor erótico, a la pasión. Y Cupido representa el amor amor.

La síntesis aclaratoria escrita más arriba nos hace presumir que Eros y Cupido están interviniendo en los hechos citados en forma individual y mezclados. Es un verdadero lío de ambos dioses.

Lo que sucedió en mi vida fueron cuatro hechos amorosos que no están incluídos en la breve reseña anterior porque representan un importante desafío a mi memoria y a mi ego y que dieron y siguen dando aún mucha vida a este corazón donde se supone se cobijan los avatares clasificados como románticos.

Va el primero: mitad de la cuadra donde se encontraba la escuela primaria ( hoy básica) donde estudié, se hallaba una vieja casa habitada por el auxiliar (portero) del Liceo de la ciudad. Frente a su casa, por la vereda iba y venía hacia y desde mi escuela todos los días. Hacia allá muchas veces solitario y a la vuelta acompañado por varios de mis compañeros. Un día, regresando de la escuela, en grupo, en el umbral de la puerta la ví por primera vez. Era una linda jovencita, más bien una niña, de carita redonda, mejillas muy sonrosadas y aquella mirada que me traspasó cabeza, cuerpo y corazón y se quedó anidada en alguna parte de mi infantil humanidad. Después de ese día, mi obsesión era verla, sentir su mirada, captar algún asomo de interés por mí. Fue un aliciente más para ir al colegio. Añoraba su presencia y en dos ocasiones más sentí agitarse mi corazón al verla nuevamente y sonrojarse más al obsequiarme su anhelada y cálida mirada y retirarse rápidamente de su pequeño pedestal de diosa. Hizo a mi infantil vida rodearla de una aureola de felicidad; de un inexplicable sentimiento de alegría que me acompañó por muchos años.

Va el segundo: Era la primavera de mi vida, respiraba juventud por todos mis poros. Cursaba sexto año de Humanidades. La vida me sonreía. Iba como una hoja al viento, ondulando en el aire de mi despreocupación, respirando el aire limpio de un sosiego que yo me creaba y que me conducía a una relativa felicidad. No tenía futuro que me perturbara, ni pasado que me atormentara. Sólo tenía presente y ese presente me llevó hasta la Plaza de Armas de la ciudad, un día domingo. Fue una premonición. Creo más bien una broma del destino. En frente de la plaza, en una esquina se hallaba un grupo de personas del Ejército de Salvación, venidos tal vez de Concepción o Talcahuano. Su música me atrajo y me puse muy cerca de ellos. Pero no fue la música la que robó mi atención. Sino ella, la jovencita de figura esbelta, de cara redonda y mejillas sonrosadas. ¡Era ella, la amada desaparecida!. En realidad, no lo podría asegurar. No importaba. Me miró y se sonrojó más aún. Tornó su cabeza unos instantes y luego me volvió a mirar. Si hubiese sido hielo me hubiese derretido. No me derretí pero nuevamente mi corazón se aceleró, porque frente a mí, por segunda vez, estaba la mujer de mis sueños, la amada deseada que llenaba mi vida, con la que siempre soñé, la que me devolvía la razón de existir. Fue lo más cerca que la tuve. Dos metros, dos miserables metros me separaron de ella. Los hombres hicieron un giro y marcharon y ella se fue con ellos. Mi vista se extasió mientras se alejaba, pero mi corazón entristecía por un instante. Nunca más la ví, pero me dejó un hálito de felicidad porque me miró, y quizás unos segundos me amó. Eso era lo que mi alma reclamaba: gotitas de amor. Cuando estudié en Concepción, inútilmente seguía tras de un Ejército de Salvación que aparecía de vez en cuando. Fue inútil. Ella no era para mí. ¿Acaso mi destino era vivir sin el verdadero amor por el cual añoraba?

Va el tercero: Fue una visión más pasajeras que las otras. Fue para vísperas de Año Nuevo. Todavía seguía en Primavera. La ví cuando íbamos a un baile popular de la localidad. Acompañaba a un hermano mayor, amigos y familiares. Desgraciadamente era de noche. Nos vimos unos minutos. Era jovencita, su carita blancucha, su figura de niña tímida. Sus ojos rompieron la oscuridad para buscar los míos. Dos veces había ocurrido lo mismo. La ví como al descuido en medio de la gente que la acompañaba. Nunca supe quien era y que se hizo. Tal vez me acerqué a ella y conversé. La verdad no recuerdo. Tampoco recuerdo si llegó al lugar donde íbamos. Como esa mariposa llamada efímera. Así, qu¡zás! desapareció de mi vida. ¿Acaso sería un sueño?. No, soñando me dejó hasta hoy día. Son recuerdos de un Cupido juguetón. Nunca me dejaron tristeza, sino un ensueño que abrigó cálidamente mis esperanzas fallidas y le dieron fortaleza a mi vivir para soportar con hidalguía las sorpresas desagradables que el devenir pudiera depararme. Esas tres figuras femeninas me hicieron feliz.

Así como un infante británico, podía entonar: “Con una sonrisa y una canción la vida es alegre como un hermoso día de sol”. Hoy estoy en la plenitud de mi vida. Quizás en un Otoño anticipado y sigo siendo hombre grande porque no he perdido el corazón de niño.

De las tres anteriores “aventuras” románticas, sólo nos unió una mirada. Tan sólo fueron un hermoso e inmenso sueño nacido para compensar mis ansias de conocer a un ser que me sacara de mi eterna soledad. Fueron flechas lanzadas por Cupido, no por Eros.Tal vez quise y aún lo deseo que esos dardos que traen mensajes de amor penetraran profundamente en el sincisio de mi corazón y se quedaran quemando cada una de mis células para energizar la fatiga que consume cuando al final del camino haya alcanzado el amor ideal que anhelamos.

El silencio, la lejanía, el desconocimiento de esas mujeres tan entronizadas en mi mente y corazón, nunca rompieron el encanto que de ellas guardé. No las conocí y eso fue parte de lo hermoso de ese irreal amor. Conocí lo bello, me mostraron la parte loable. Sus defectos nunca me los imaginé. Me quedé enredado en la atracción de esa primera visión que con larguesa me brindaron.

Corrobora estas apreciaciones mías la gran Gabriela Mistral al escribir:”Cuando la vida se pierde en amoríos breves e insípidos se ha de llegar a la vejez sin un recuerdo que lo llene y lo entibie“.

Va el cuarto: Estoy de pie sobre un piso. Teóricamente quiero significar que el mundo está a mis pies, está a mi alcance, no estoy aislado y desde mi imaginario escenario veo mucha gente, muchas me conocen. Pero dentro de ese conglomerado humano nuevamente me encuentro con una bella mujer que emerge claramente, que se distingue y me mira y me habla desde la profundidad de su corazón. Creo me invita a compartir parte de su existencia. Ahora mi ensoñación está más cerca de la realidad. Pero su amor, es una incógnita y una lejanía. Sólo pienso en el futuro (que me va a torturar), aunque no me siento encadenado al pasado. Pero el presente se me escapa. Parado sobre el piso me alzo como en rebelión conmigo mismo. Son muchas situaciones personales que invaden negativamente mis perspectivas amorosas. En una mano sostengo un papel y en la otra una pistola. El papel es un mensaje para ella. No quiero que huya de mi vida como huyeron las anteriores. Le pregunto si puedo apoyarme en la permanencia de su amor. Presiento, adivino su respuesta. ¡Todo es demasiado tarde¡ Aunque le diga que ella cambió la ruta de mi vida y que me hizo sentir como en la gloria. Y en sus ojos vi tanta ternura y yo, sin embargo, poco es lo que tengo si quiere mi amor. La pistola que sostiene mi otra mano pronto habrá de solucionar tontamente mi dilema, mi tormento. Pero debo aclarar que como todo ésto es ficción (¿) y producto de una ensoñación, la pistola dispara agua ( para enfriar mis febriles pensamientos)-No quiero salir herido, no me quiero mojar, porque ella nunca sabrá mi simbólico sacrificio y por tanto, la pistola, tampoco está cargada. La mano que sostiene el mensaje dirigido a ella lentamente comienza a apretar el papel, cada arruga de él es un quejido de mi alma, es un definitivo adiós a un sueño. Finalmente, el papel queda transformado en una pelotita y mi corazón hecho un guiñapo que agoniza. Hay una ventana abierta que da al lugar donde ocurre esta tragedia y tiro la pelotita a través de ella que ha estado esperando cansada este frustrado final.

Bajo de mi improvisado escenario y me dejo caer meditabundo en un sofá. Reflexiono:”En el mejor de los casos la vida reserva muchas desilusiones, sorpresas, frustraciones”. Una húmeda lágrima resbala de mis ojos y pienso: “La causa de mis lágrimas ignoro ¡Pero de vez en cuando se me oprime el corazón…y lloro".

28 julio 2010

LA RELIGION ¿NOS UNE?

(Redirigido desde Ecumenico) El ecumenismo se refiere a toda iniciativa que apunte a una mayor unidad o cooperación entre las confesiones cristianas. La búsqueda de la cooperación entre diferentes religiones,como entre las religiones abrahámicas: Judaísmo, Cristianismo e Islam se llama diálogo interreligioso.

Síntesis histórica: Los pueblos primitivos observaron angustiados montes que expelían fuego, sismos repetidos, lluvias, truenos, relámpagos. Distinguieron la luminosidad del día y las tinieblas de la noche. Observaron las estrellas titilantes. Vieron que los árboles florecían en ciertas épocas y daban frutos. Vieron, cuando aprendieron a sembrar, que los ríos ofrecían un légamo muy alimenticio a la tierra cuando se retiraban de sus crecidas,etc., etc..

¿Les llamó la atención estos fenómenos naturales?. Se supone que sí, y creyeron que cada uno de estos múltiples fenómenos eran dioses, entes superiores que había que respetar y adorar. Y eso hicieron.

Pero llegamos a tiempos donde ya hubo pueblos más civilizados, como los fenicios, egipcios, griegos , romanos, etc. y nos encontramos con muchos dioses (politeísmo) y como los pueblos primitivos, los adoraron, les hicieron templos, etc. Podría considerarse a esta época mitológica como la antesala de lo que sería la aparición de una verdadera religión.

Se dice que es inútil oponer la razón a la creencia. Sin embargo, especialmente los griegos lograron, a través de hombres llamados filósofos, sobreponerse a estas creencias. Así poco a poco se fue creando un nuevo modo de pensar basado en un determinismo que en lo fundamental es buscar la o las causas de un fenómeno.

¿Por qué y cómo aparece la verdadera religión?

Estamos siempre en situaciones. Las situaciones cambian, las ocasiones se suceden. Si éstas no se aprovechan no vuelven más. Puedo trabajar para hacer que cambie la situación. Pero hay situaciones por su esencia permanentes, aún cuando se altere su apariencia momentánea y se cubra de un velo su poder sobrecogedor: no puedo menos de morir, ni de padecer, ni de luchar, estoy sometido al acaso, me hundo inevitablemente en la culpa.  Estas situaciones fundamentales de nuestra existencia se llaman situaciones límites. Son situaciones de las que no podemos salir y que no podemos alterar. En la vida corriente huimos frecuentemente ante ellas cerrando los ojos y haciendo como si no existieran. Cuando nos damos cuenta realmente de ellas, entramos en desesperación. Ni el dominio de la naturaleza a través de la tecnología y la ciencia le ayudan, ni la familia, ni la patria, ni el congregarse en sociedad le protegen. En la ayuda mutua quiere lograr la seguridad. Así, el hombre busca la salvación y de esta manera , aparecen las grandes religiones universales tendiéndole la mano e invitándole a su conversión.

La cultura es el conjunto de todas las formas, los modelos o los patrones, explícitos o implícitos, a través de los cuales una sociedad regula el comportamiento de las personas que la conforman. Como tal incluye costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, vestimenta, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de creencias. Desde otro punto de vista se puede decir que la cultura es toda la información y habilidades que posee el ser humano. La cultura ha sido dividida en sectores. Una de estas clasificaciones divide a la cultura en dos sectores: un sector que diferencia y otro sector que unifica a los hombres.

Al primer sector corresponde: la ciencia, la técnica y el arte. Por consiguiente incluye a hombres científicos (investigador físico) a hombres técnicos (un técnico agrícola, p.e.) , a un artista (pintor).

Al sector que unifica a los hombres pertenece:  la moral, la política y la religión.
Por consiguiente la religión une a los hombres. Pero ¿ha logrado la religión unir a los hombres?. Categóricamente diría que no.

¿Por qué?. Porque el hombre ha creado diversas religiones según su sentir. Pensemos en la diversidad de religiones cristianas de occidente, por ejemplo. Y pensemos en otras tantas religiones del mundo oriental. Recordemos que al menos tienen de común algo innegable: Todas, sin excepción, creen en un ser superior (Dios) y todas creen en que este ser superior poderoso es el creador del Cielo y de la Tierra.

Estas religiones se diferencian entre otras cosas en que el libro Sagrado en que basan las normativas de sus creencias es distinto(Biblia cristiana, Biblia hebrea, El Corán, Los Vedas, Tao-Te Ching, etc.). Para las diversas religiones sus Libros Sagrados y Escrituras son la Palabra de Dios. Creen son divinos o de origen de inspiración espiritual.
El problema radica en que cada religión trata de imponer su supremacía y cada una de ellas asevera que es la verdadera religión.

Lo importante o rescatable es que cada religión trata de cambiar al hombre para bien para que en el más allá , ojalá, tengamos una segunda oportunidad de ser felices.

Cuando joven, pese a haber comulgado con una religión cristiana, conversando con mis amigos, todos jóvenes inquietos, adolescentes, llegábamos a la conclusión que las iglesias (religiones, a lo menos las occidentales), habían fracasado, porque observábamos que aquello, tan básico, tan fundamentalmente importante: ”amarse los unos a los otros”, no se cumplía. ¿ Se cumple aquello hoy día?.

He visto, al menos, un acercamiento, ”amigable”, entre los diferentes credos, un insipiente “ecumenismo”, que es principio de un entendimiento que, pienso, Dios (que lo ve todo) estará contento de ello. Pero la meta final ideal es “ un entendimiento interreligioso”.

Conversando con algunos jerarcas de diferentes credos me han dicho que eso es imposible. Puede ser. Pero está en cada uno de nosotros el acometer esta empresa de unión religiosa y respetar el sentir de cada ser humano y ¿por qué?. Porque la Verdad no la conocemos. Sólo nos queda comprendernos y respetarnos. Más respeto que amor aunque se diga que “de todas las pasiones el amor es más fuerte porque ataca al mismo tiempo, la cabeza, el corazón y el cuerpo”. ¿Quién es aquel que ama al enemigo, a ese que le perjudicó su vida, que arruinó sus esperanzas o que perjudicó por vida a sus seres queridos?. Tal vez se le pueda comprender y respetar, pero nunca amar. Esa es una realidad.

Para terminar estas reflexiones un tanto impertinentes, pero aclaratorias, quiero que, honestamente te identifiques en qué grado de situación espiritual te hallas. No tomes en cuenta la edad, sino la actitud. ”Un funeral a la antigua en que el difunto es transportado por una carroza conducida por negros caballos”. Una mujer que ve pasar el cortejo, se persigna. Un hombre más que maduro, agacha la cabeza turbado y evita mirarlo. Y un niño exclama alegremente: ¡Qué hermosos caballos¡.

Si has leído con atención podrás ubicarte en alguna postura de este relato que te he ofrecido con la esperanza que reflexiones y logres tranquilidad en tu alma.


Citas y reflexiones de:
“Filosofía”. Biblioteca fundamental
“Salud y Eficiencia” H.Shryock
“Recortes de diarios” de Armensal
“Wikipedia”

18 julio 2010

LA NUBE FUE TESTIGO


La   n u b e       f u e      t e s t i g  o

En todos los cuentos de aventuras los personajes van en busca de un tesoro, felicidad, fuente de la juventud eterna, ciudades perdidas, etc. Nosotros ¿Qué podemos ir a buscar y ser dignos de estar en un cuento?.

Un anciano macizo, alegre, de blanca barba, calvo, ojos muy celestes, soñadores, hacía esta pregunta a un mozalbete muy risueño, despierto, huérfano, que vivía en un orfelinato y que le escuchaba embelesado. Ambos en pie de salir de excursión, a la puerta de una cabaña donde él vivía. Alejada de la ciudad, más bien cerca de una gran llanura plagada de bosques y elevaciones serpenteantes que se perdían en el horizonte.

-Estudiemos lo que nos falta y lo buscamos-contestó Tomasito. Yo perdí mis bolitos en la cueva de un ratón. O tal vez… vamos a buscar las ollas llenas de tesoros que están donde nacen los arcoíris…


El anciano lo miró con asesina misericordia- Los años han curvado mis pensamientos y quizás tenga mis ideas añejas y tontas .¿Pero tú?. Has heredado la redondez de tu padre y la mollera de tu madre¡ Qué ideas!.


Abue…dijo Tomás.-Si de buscar se trata yo soy bueno para buscar lombrices en la tierra; huevos de pájaros descuidados, nidos abandonados…


¡Vaya el muchachito!


¿Qué propones, entonces,-abuelo.? Quiero salir luego. Hace un día bonito.

Quiero llegar a un lugar donde encuentre mi tiempo perdido. ¿Sabes tú, Tomasito, cuál es ese tiempo que perdí?.-Fue vivir alegre y despreocupadamente, vivir con muchos deberes y obligaciones que impone esta sociedad humana y estudiar más de la cuenta…

¡Pobre abuelo!.Está cu-cú.. Bueli, leí una vez que el tiempo perdido no se recupera más.

Bien, me preguntaste, yo te contesté .Tú buscas tus cosas perdidas y yo buscaré las mías. Si quieres salimos por caminos diferentes.

No, abuelo, sabes que soy solo.Tú eres mi única compañía. La única persona que nunca me trató mal, fuiste tú. Hoy tengo permiso del colegio para estar contigo.

Así, hijo. Ambos somos solos-Tú sabes, todos los miembros de mi familia viven lejos y yo soy un feliz viejo abandonado.

¿Feliz y  a pesar de todo?.-

Abuelo dijo: Hago lo que quiero. Sueño lo que quiero y elijo a mis amigos.¡ Tú eres mi amigo! Ambos tenemos en común muchas cosas aunque somos diferentes en el tiempo. Sí…Yo te gané a nacer y te ganaré a morir -
-  No diga eso. Ud. es como un tronco del bosque. Alto, robusto, imbatible.

Algún día los robles caerán-lanzó el viejo. Todo lo que empieza… termina. Todo lo que nace…muere. Vivir es…morir de a poco.

Bueli. Tú no eres un hombre triste.

Es verdad. Yo río mientras mi alma llora. Pienso que tú y yo tenemos un envoltorio común. Algo así como una sola funda para dos cabeceras. Pero el envoltorio tuyo es más claro, mucho más diáfano. El mío es más oscuro, es sucio. Mi envoltorio es un cerdo.

Abuelo ¿Qué es ese envoltorio de ambos?

Es nuestro espíritu, es nuestra alma. Yo lo comparo a una nube. La  tuya blanca, transparente. La mía oscura, negra, llena d envidia, de recuerdos feos, de amistades falsas, de amargura, de podredumbre humana-

Tu nube es alba como el frescor de una mañana de primavera. Tal vez una manchita de tristeza donde habitan  tus padres. Lo demás es espuma de leche que se abre al mañana; a tu futuro lleno de esplendor. Nunca te deshagas de ella. Ella será testigo de tu vida y tu nubecita será cada día más clara y transparente. Y algún día se transformará en dos alas que te llevarán  a conocer otros mundos y tú serás¡ un angel ¡

Abuelo y tu nube ¿En qué se transformará?

¡Ahí está la madre del cordero!-¿Tú crees que tendré dos alas y volaré?¿Podrá un ogro como yo volar?.Ah…volar y ágil como una golondrina? ¿No crees que soy un poco pesadito para volar?.-

Este diálogo se deslizaba mientras ellos iban ascendiendo un peligroso barranco que parecía llegar al cielo. A un lado de él se veía la ciudad pletórica de celeridad vibrando locura juvenil. Al otro lado, la campiña, los bosques frescos de savia, ofreciendo su néctar a las hojas y en el aire muchos pájaros exhibían sus ágiles acrobacias. Era una tranquilidad idílica-

Sí, prosiguió el abuelo. Algún día seré libre. Me desharé de las cadenas del destino.

¿Tú quieres decir que eres un ladrón y por esos estás preso por el señor Destino?

Algo así. Robé. Es verdad. .Le robé el tiempo a los demás con mis chácharas. Robé a mis ojos la oportunidad de ver cosas hermosas. Fuí ladrón de mis propios deseos. Hice todo lo contrario a ellos. Quise ser bueno y sólo me humillé ante la soberbia de los demás. No los cambié, cambié yo. Quise ser alegre y sólo repetí las groserías de los demás- Fui como un poste enterrado oyendo a mi alrededor gemidos de ignorancia, lamentos de basuras…Y no salí arrancando, ni les tapé su boca. Me hice sordo. Por eso mi nube es oscura y estoy preso.

¡Quiero volar! ¡Quiero escapar! Si retomo ese aire puro que perdí y lleno mis pulmones nuevamente, mi  mente se despejará. La nube blanca aparecerá y seré libre. Seré limpio…

Un paso más dió el anciano y su pie se enredó en una especie de raíz que cruzaba el camino y ante el asombro e impotencia de Tomasito, cayó al vacío mortalmente herido…

Estaba postrado en una cama de hospital y frente a él , alzando sus brazos como haciendo la señal de la cruz un sacerdote vestido de albísimo blanco.

¡Vaya!, pensó el anciano, moribundo. Es un sacerdote y me está dando la extremaunción. ¡Voy a morir!¡Qué digo, no siento nada!.Ya no tengo mi nube negra y lo que se acerca a mí es la más bella nube blanca que haya visto jamás, es redonda y penetra por mi boca. ¡Oh, se transforma en alas y me lleva al infinito como yo quería!.¡Gracias, puedo volar!

Al depositar la hostia en la boca del anciano, creyó oir esa frase ¡Puedo volar!.Pensativo, sin comprender, silencioso el sacerdote se alejó.

En un solitario cuarto del orfelinato del lugar, Tomasito pensaba  en su anciano amigo y de pronto en su blanca nube apareció una nueva manchita de dolor.

¡Oh, abuelo murió!¡ Abuelo pudo volar!.Soy feliz.

Y tú, amigo, que sabes el secreto ¿ Crees que algún día podrás volar?

Yo te ayudaré con dos secretos:

-Las manchas de nuestros errores desaparecen con el arrepentimiento y con la reparación del daño causado -

-Y si tienes fe, la blancura vuelve cuando lo recibes a Él.

15 julio 2010

CUANDO LLEGA EL TREN



C U A N D O     L L E G A      E L       T R E N

Recién daban las siete y un tumulto de gente se agolpaba en la estación de aquel pueblo en aquella apacible mañana de otoño. El tren estaba anunciado y aquellas personas que se paseaban de uno a otro extremo del andén denotaban la ansiedad del momento. Unos consultando sus relojes, otros mirando aquel sendero de líneas y de vez en cuando alzando la vista esperanzados de ver surgir magnífico e imponente a aquel monstruo de acero que traía para algunos, la felicidad de ver llegar una persona querida y para otros significaba la cruel  despedida de un familiar o un  amigo que, quizás, no volverían a ver nunca más...


¡No tan sólo en las grandes calamidades de la humanidad los espíritus más rebeldes se aúnan y hacen más pequeña la angustia del momento. ¡También aquí!. En la vida corriente de toda ciudad la llegada de un tren despierta en ellos sentimientos que se agitan ensordecedores en lo más íntimo de sus cuerpos y que se objetivan a través de sus miradas para algunos brillantes de felicidad y para otros, nubladas de mortificantes angustias frente a los últimos minutos del inevitable adiós.

En un rincón del andén se ven dos figuras, perdidas en aquel tumulto de agitaciones. Ella es una anciana de cabellos canos que reflejan más que el paso de los años, una vida de penurias, sacrificios. Viste traje de burda tela y sobre sus debilitados hombros descansa un descolorido chal. Su rostro tiene algo de angelical, sembrado de arrugas y de sus ojos pequeños y semi cerrados, resbala silenciosamente una lágrima, tan solo una, resumiendo en ella la tremenda lucha que se desarrolla en su alma mortificada y agotada por lo inevitable... Ese mozo que está a su lado es su hijo que se va en busca de oportunidades mejores de trabajo a otra ciudad. Quedará sola, pues es viuda y convaleciente de grave enfermedad.  Él la  había sentido gemir en su habitación durante toda la santa noche. Él tampoco pudo dormir. Pensó, pensó  mucho y le atormentaba la idea de hacer sufrir a aquella viejecita.

Esa tarde con cuánto amor había hecho su equipaje y colocaba esos panecillos que a él tanto le gustaban… En todos sus movimientos creyó ver que ella se despedía como cuando los abandonó su padre. ¡El ahora, recién comprendió el profundo significado de todo aquello!.

Un sonido a la distancia le sacó de sus pensamientos y pronto una atmósfera de humo inundó la estación:¡ El tren había llegado!... La agitación que se hacía sentir tácitamente en el ambiente se volvió realidad, volcándose en aquel andén sentimientos preñados de tristeza, algunos, de alegría otros, que hizo aparecer esa mañana tan humana como nunca y hasta el  observador más indiferente, no dejó de sentir un frío de extraña inquietud espiritual…

Ha sonado el pito y el tren se pone en marcha quejumbrosamente, exhalando rugidos de negro humo que ponen tensión en los rostros  y vacía el alma de egoísmo y la llena  de confortable quietud. El andén está nuevamente despejado y en un rincón se ven dos personas: Ella, una viejecita de raído chal sonriendo alegremente y él un mozuelo de diez y ocho primaveras que la abraza  emocionado…

¡ El tren ha olvidado un pasajero!
¿Cuántas veces la ansiedad de un momento no ha trocado apasionadas decisiones en provechosas flaquezas?.Cuanto más noble  si ello involucra el cariño de una madre.
Lejos, se oye, por última vez el pitear de ese tren que se aleja como rodeado  de una aureola de orgullo, pues, ha envuelto de felicidad la indecisión de un alma joven…


13 julio 2010

ESPEJITO, ESPEJITO, SOY YO...


ES P E J I T O, E S P E J I T O,  S O Y YO…

Dorian Grey es el protagonista de la novela escrita por el inglés Oscar Wilde, llamada ”El retrato de Dorian Grey". Un joven privilegiado por la riqueza y la belleza. Fue un conquistador de mujeres, un farrero contumás, un vividor. Lo curioso es que no envejecía, ni su rostro se alteraba, a pesar de su vida disipada. Cuando joven un pintor amigo, le hizo un retrato que él guardó en un cuarto de su mansión. Pasó el tiempo y un día se acordó de su retrato y fue a verlo.¡Sorpresa !. En vez del joven buenmozo que el pintor había plasmado en la tela, aparecía un hombre envejecido, deforme de físico, lleno de llagas, etc. Los cambios que debía experimentar Dorian, los soportaba el cuadro. Un extraño espejo que creó Oscar Wilde. Ficción.

Como ficción lo fue el espejo donde brujilda le preguntaba a él ¿Quién es la mujer más hermosa del reino?.El espejo hablaba y le decía que era otra.

El espejo de nuestras casas, es nuestro amigo, mañana y tarde lo visitamos. Nos miramos en él, arreglamos nuestra corbata, nos ve cuando nos afeitamos, cuando nos arreglamos para salir. Las damas lo usan para ver como quedan cuando se maquillan, peinan, colocan sus aros, collares, cuando hermosean sus ojos. Sonríen satisfechas.

El espejo les dice algo, como ¿estás bien, te ves elegante, estás bonita, etc. ? No, el espejo no opina. Somos nosotros los que nos autoevaluamos, generalmente le damos rienda suelta a nuestra vanidad, somos generosos con nosotros mismos.El espejo no nos miente, ni nos dice la verdad. Simplemente no opina.

Entonces, ¿Cuál es nuestro verdadero espejo?¿Cómo nos vemos realmente?. Simple, la calle, quiero significar la gente que pasa al lado de nosotros, amigos o desconocidos, jefes o subalternos. Ellos nos ven, nos auscultan, sus miradas pueden ser intensas, como apáticas o no tanto.

Surge una duda, entonces... ¿para quién o quienes nos arreglamos?. Ud. conteste esa pregunta. Muchos reaccionan frente a la opinión que algunas personas, con buena o mala intención nos lanzan a raíz de nuestra presentación, vestimenta, estilo, etc.. Eso nos hace infelices.

Los psicológos recomiendan que nosotros debemos mantener lo que se llama eje psicológico dentro de nosotros y no afuera. Tener el eje psicológico dentro significa que lo que opinen, o hagan los demás, su conducta, no debe alterarnos. Por ejemplo, si yo soy alegre y sé que han hablado mal de mí. ¿Por qué debo cambiar mi manera de ser.? Si alguien se enoja ¿por qué debo yo enojarme?. Aquellos que tienen sueje psicológico fuera, viven la tragedia del “que dirán”y sufren.

Como se ve nuestro espejo casero nos hace ser autocomplacientes. Nuestros espejos sociales pueden ser más subjetivos que objetivos. Depende de nosotros sus consecuencias. Al respecto quiero citar lo que escribió Zenkei Shibayma: ”El espejo carece absolutamente de ego y de preocupaciones. Llega una flor; llega un pájaro y él lo refleja. Muestra que un objeto bello es bello y que un objeto feo es feo. Todo se revela tal cual es. NO hay una mente que discrimine, o una conciencia de sí por parte del espejo. Si algo viene a él, es reflejado; si desaparece, el espejo lo deja desaparecer... no queda huella alguna tras él. Un desprendimiento tal, este estado de no- mente, esta faena auténticamente libre del espejo, se asemeja a la sabiduría pura y lúcida… que el hombre a futuro debería alcanzar.”
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