20 agosto 2010

LA APUESTA


LA APUESTA

Se llamaba Juan Antonio. Venía de una ciudad sureña. Era su primer año en la Universidad. Era buen estudiante y había conseguido una beca. También había conseguido cabida en un Internado y compartía la habitación con otros cinco universitarios, aunque éstos no eran del Sur, sino de los alrededores de Santiago y ellos tenían internado sólo hasta el día viernes.

Juan Antonio quedaba solo y disponía de tiempo para conocer la gran ciudad; con tímida ansiedad, porque para decirlo bien, Juan no era un joven timorato, sino más bien de una sana ignorancia del modernismo actual.

La gran ciudad le intimidaba un poco, pero la acariciaba en sus ensueños y se permitía el lujo de hurguetear por todas partes y se sorprendía de las cosas que observaba... Maravillosas algunas, deprimentes otras. En todo caso muy diferentes a su realidad pueblerina y a su formación valórica donde su honradez y su autenticidad transparentaban totalmente a Juan. Quería ser un gran cientista, lo que le llevaba a ser curioso y polémico.

Sin embargo en su afán de ser amistoso y conocer, un buen día se encontró con un grupo de muchachos de un barrio cercano. No recuerda cómo fue ese encuentro, sólo que ese grupo le acogió como si fuera uno de los suyos de siempre. En esa época Antonio se encontraba solo, y al no recibir el afecto de su familia, ahora lejana y de una sociedad tan ajena a él, se dejó avasallar y aceptó la solidaridad que le ofrecían.

Se reunían, por lo general, por las noches. Compartían bebidas y golosinas que él nunca supo de donde procedían. Siempre, todos, muy alegres. Juan pronto se dio cuenta de la falsedad de esa alegría. Le comenzó a chocar el lenguaje especial que usaban y no se sorprendió cuando supo que todos ellos, cual más cual menos, eran drogadictos y delincuentes en alguna medida.

Se dio cuenta que ese tipo de compañía no le convenía para nada y empezó a evitarlos, alejándose cada vez más de ellos. Pero como todo el mundo sabe, son los deseos, las emociones y las pasiones, las causas principales del hacer humano .

Pronto este grupo de pandilleros entraría en acción contra la actitud asumida por nuestro protagonista.

Un día sus compañeros de pieza le propusieron una singular apuesta. Le dijeron: ”Tú sólo crees lo que ves, Tomás"-en alusión al incrédulo discípulo aquel.

Veamos si el destino o el azar guían nuestros pasos. Te desafiamos a que vayas donde una adivina.

¡Una clarividente!.-No, Yo no creo en eso. –dijo Juan.

¿Qué tal si vas y adivina algo de tu futuro?-Si no pasa nada, tú ganarás y renunciaremos a nuestras ideas y aceptaremos las tuyas.-

Mientras le proponía ésto el “líder” del grupo, los otros sonreían maliciosamente.
Bueno..-pensó Juan. ¿Qué más da ?-Es estúpido pero divertido…

¡Acepto!.-¡Bravo!.-Un joven, delgado y rubio como Juan, más o menos como de su estatura y complexión, apodado el Nico, se le acercó: Toma. He aquí ,cinco direcciones de las más cotizadas clarividentes de Santiago..Llama a uno de esos números telefónicos y concierta una cita. En la esquina hay teléfono.—Debo recordar que los hechos sucedían en una época en que sólo habían teléfonos fijos y uno que otro público.

Juan bajó a la calle. Ya en la caseta telefónica, seleccionó un número. Marcó…y nada .Y así con los dos siguientes números. Al cuarto intento, obtuvo respuesta.

¡Hable!. Soy madame Petit.-

Quiero concertar con Ud. una cita. Me llamo…

No es necesario-interrumpe la pitonisa- Espera…por tu voz sé que eres un hombre joven. Sí…Sí de diez y ocho años- Rubio, ojos claros. Llevas puesto un vestón cuadrillé café claro, bufanda amarilla y gorro del mismo color…Este…perdona, se me va la imagen…Te espero a las 8 de la tarde.-Oh.. Me duele la cabeza.-Te reconoceré.

Un clink sonó. La moneda había cumplido su tiempo.
Regresó a casa,

Y…¿Concertaste la cita?-Preguntaron sus compañeros.-
Sí…Hoy a las 8 PM

Le dejaron solo. Juan estaba impresionado. Esto es estúpido, se repetía. No puede ser. Debe haber una explicación. O , casualidad. En fin. Estoy honestamente intrigado.

A la hora señalada, Juan estaba en el living de una casa espaciosa, con relativa comodidad.
Una puerta lateral se abre y una estupenda jovencita ataviada con una bata aparece ante él.
Sé que estás pensando. No te extrañes. Trabajo clandestinamente. Si alguien viniera a revisar mi casa vería, lo que tú estás viendo. Aquí no existe ninguna madame. ¿Entiendes?.-Siéntate.
Ella se arrodilló a su lado y le tomó una mano: Tienes una larga y maravillosa línea de la vida, lo cual significa que vivirás muchos años…Pero también, veo obstáculos…Relájate…Déjame concentrarme. No te muevas. Cerraré mis ojos y hablaré claro…No puedo hacer nada más…

No importa-pensó Juan.-Ya soy feliz teniéndote cerca.-Es maravillosa. Lástima que lo que me dirá serán puras patrañas…

Schii…No pienses.-Cree en mí…Veo nubes en el cielo que bajan y te rodean, oscurecen tu vida. Estás o estuviste metido en malos pasos…(Los pandilleros-pensó Juan).-Aléjate. Hay peligro…Veo un amigo nuevo. De edad. Tienen un amigo común….Veo dinero… Mucho dinero. Serás rico… No, espera…rico sólo por unos instantes….Veo una pieza color verde, una fruta color verde…Cuídate de los baños… un enmascarado. OH Dios ¡No!... sangre…Mi cabeza me duele…me due.. due…

La pitonisa se desmayó. Juan se levantó: Llamó a la mucama.

Joven, váyase…Siempre le ocurre ésto cuando se concentra mucho.

Juan sale pero antes observó expectante el rostro de esa madame Petit. Afuera el aire estaba suavemente fresco.

Dentro de la casa de madame Petit, la supuesta mucama, tomaba de la mano a ésta y no sin brusquedad la alzaba.
Ya, Mariana, levántate. Ya se fue el cliente. Ni le cobraste, tonta. No más teatro. Está bien que seas estudiante de teatro y pagues parte de nuestros estudios engañando a la gente- Pero no te sobreactúes.

Mariana, a medida que se levantaba, decía: Me desmayé de verdad. Nunca antes me había ocurrido. Anoche en la fiesta de mechones, unos amigos del rubio se me acercaron y como ellos supieron que yo hacía de Pitonisa, me propusieron un trato para engañar a su amigo. Me pagaron bien. Era para ganar una apuesta. Sólo tenía que decirle, cuando llamara por teléfono que no me dijera su nombre que yo ya lo sabía y que le dijera como iba vestido, etc. Ahora tenía que decirle que iba a ser feliz. Que sería rico por breve tiempo.-¡Vaya, eso lo inventé yo!-Mariana quedó pensativa.-Tenía que decirle que se cuidara de los baños…Que vería a un enmascarado…

Sabes, prima Nancy. Se me pasó la mano. Le dije hartas cosas más que yo creía ver o imaginar. Y vi sangre de verdad y vi su traje manchado… Y… me desmayé. A veces me la creo que soy clarividente. Aunque sea un poquito…

¿Cómo supiste que él te iba a llamar?.-

Se le dieron cinco números telefónicos- Los muchachos sabían que cuatro de esos números estaban fuera de servicio- Sólo el mío podía responder y respondí…

En el cuarto de los estudiantes reina gran agitación. El que parece liderar el grupo dice:

Tenemos que continuar con el plan. El próximo paso será convencer a Juan que la pitonisa le dijo la verdad y que el Destino manda- Seguiremos a Juan al atardecer-continuó-Siempre sale a caminar y a servirse una tacita de café que es “su gran amigo”.Está en la onda de conocer todos los bares de Santiago. Dice que eso le sirve para conocer ambientes y buscar la verdad.-Me pregunto ¿Cuál verdad?. Lo concreto que él es muy observador y todo lo que sea conocer la naturaleza humana, le ayudará a ser un gran cientista.

Bueno-Sigamos-Como es casi invierno, pronto estará oscuro- Lo seguiremos todos desde lejos y en
el momento adecuado. El Nico lo esperará en el baño del bar en que se meta y le quitará la billetera, para cumplir con lo que le dijo la Mariana.

¿Y si no va al baño?- dijo Nico –Ni pensar…Lo hará.

En otro lugar un grupo de pandilleros, planeaba lo mismo: Seguir a Juan Antonio y “cobrar venganza”, porque éste había decidido retirarse del grupo y eso ¡Era una afrenta!. También sabían de la debilidad de Juan de la “tacita de café”.-Se pusieron de acuerdo en seguirlo y darle su merecido.

Juan, sin embargo, no salió esa tarde. Tenía mucho que estudiar-

Al día siguiente, cerca de las once AM, aprovechando unas horas libres, fue al centro a comprar unos materiales de estudio. Llevado de su costumbre, se encontró en un bar pidiendo su tacita de café., aunque fuera de la hora en que acostumbraba a hacerlo.

A esa hora el bar estaba concurridísimo. Pidió el café y fue a sentarse a la única mesa disponible. Era para dos personas. Se sentó. No bien lo había hecho cuando se acercó un caballero de alrededor de cincuenta años, con un maletín y un diario en una mano y su café en la otra. Se miraron. Se saludaron un tanto indiferentes y procedieron a servirse”su amigo común”Nada se dijeron-Luego el hombre miró su reloj. Cogió el maletín que había dejado al pie de la silla y partió.

Entonces, Juan se dio cuenta, que el desconocido había dejado olvidado el diario en el respaldo de la silla que antes ocupara. Juan, que no tenía prisa, lo tomó y empezó a hojearlo.
En las páginas centrales del diario había un gran sobre. No estaba cerrado. La curiosidad mandaba en esos momentos. Con nerviosos dedos alzó lentamente la tapa del sobre y ante sus ojos aparecieron muchos billetes, dólares de varias nominaciones.

Soy rico-pensó. Nadie se ha dado cuenta. Podré estudiar muy tranquilo y seré hombre de bien ¡Divina Providencia!
Dio vueltas el sobre. Había escrito en forma manuscrita la dirección de un Banco de Santiago.-Y más abajo decía:” Depositar urgentemente antes de las 14 hrs.” Consultó su reloj. Marcaba las 11,55 hrs. ¿Qué debo hacer?¿Seré feliz con mi conciencia acusándome todo el tiempo?.-A lo mejor puedo ser feliz, pero haré desgraciado a otro. Además, a la Divina Providencia, no creo le guste ayudar a los delincuentes.

Si razono así es que debo guiarme por mis principios y ellos me dicen que mi conducta será siempre la de un hombre honrado. Mi meta es una. Pero para lograrla es otro el camino que debo seguir. No éste: fácil y vulgar. Si quiero tener éxito en mi vida debo dar de mí todo lo posible. Para los que no creemos en el azar como determinante de los fenómenos naturales, todo lo que acontece tiene un objetivo definido y el hombre tiene un destino sobre la Tierra. Yo tendré éxito únicamente cuando cumpla mi destino en forma satisfactoria. El dueño o encargado de este dinero debe estar sufriendo y esto me da la oportunidad de practicar la virtud que es el fin supremo del espíritu humano y meta sin la cual no hay éxito..

Todos estos pensamientos desfilaron por su mente, como cuando una persona se está muriendo hace un recuento de su vida. Es que en ese momento se estaban muriendo sus pensamientos sucios y reaparecían aquellos que siempre fueron su “ life motiv”.

En un suspiro estuvo en el Banco aquel.-No le vió. No estaba. Razonó:”Al darse cuenta que su diario se había quedado en el Café-bar, tiene que haber regresado allá. Si regreso al Bar , pueden suceder dos cosas: Que él haya regresado al Banco y explicar lo sucedido , antes que cierre. O me encuentro con él en el Bar y me moteje de ladrón .Mejor espero aquí. Deberá aparecer pronto..

Su mirada se iluminó. Allí estaba el hombre luchando por entrar a través de esas trampas giratorias que llamaban puertas y que hoy han desaparecido.

Se encontraron frente a frente. Como frente a las tazas de café. Nada se dijeron, Juan le entregó el diario. El se dirigió a una de esas cajas. Cinco minutos demoró-

Juan se había ido caminando tranquilamente, exhalando aire nuevo. Aunque..No. Era el mismo aire. Lo que él había hecho no era algo extraordinario. Simplemente lo correcto. Lo normal. La honradez es lo normal.

Una mano se posó sobre sus hombros. Se volvió. Era el caballero que le sonreía paternalmente.
-Eres honrado, amigo-le dijo. Veo que tu destino será grandioso- No habrán nubes que oscurezcan tu camino. Están demasiado altas para oscurecer tu camino. Están demasiado altas para envolverte en su oscuridad. Y oscuridad es retroceso.

Juan Antonio meditó. Antes había escuchado palabras parecidas.
Me llamo Martín del Campo-Quiero que nos conozcamos más.
Estoy muy ocupado estos días-dijo el hombre ¿Te parece bien juntarnos a beber nuestro vicio favorito, pasado mañana?-
De acuerdo.-

A las 2l hrs..-En este lugar-dijo Martín del Campo-pasándole una tarjeta con la dirección del Café.

Horas después, recogido en su cama, Antonio, pensaba: ¡Vaya!. Parece que ya tengo un amigo como dijo la adivina.-

A la hora indicada llegó a la puerta de aquel local. La mayor parte de su decoración era de
color verde. Le pareció grato a la vista y le pareció bien asociarlo a un tequila. No andaba tan errado. Había allí una pugnante lucha entre dos gratos aromas: tequila con limón y café
brasileño.

Entró. Eligió una mesita en un rincón y se sentó de espaldas a la entrada. Segundos después se sentaba el Sr. Martín del Campo.

Estoy contento que hayas venido y además porque acabo de comprar una casa aquí en Santiago. La arrendaba una hija mía junto con su prima. Ambas son universitarias y costean parte de sus estudios con una actividad que desarrollan en su misma casa:
Son consejeras familiares. Es muy divertido lo que hacen. Es un trabajo honrado aunque tiene un poquito de locura y gramitos de engaño.-¿Te parece que en honor a nuestra amistad nos sirvamos un tequila?

Llegó el tequila. Juan Antonio para ser condescendiente se lo bebió de un sorbo. Fue tal la reacción de su puritano estómago que su rostro se congestionó y los colores morados variaron desde un tono suave a uno fuerte. Un intenso rasguño pareció arrancarle las entrañas de este órgano. Parecía bailotear de un lado a otro. Y cual ola sin control el contenido recién ingerido quería salir y volver a su mundo exterior del cual provenía. Juan cerró fuertemente la boca. No pudiendo resistir más, se levantó apresurado y corrió. ¿Pero adónde?- se preguntó.-
Su nuevo amigo vino en su ayuda. ¡Frente a la entrada , hacia la derecha ,.Segunda puerta-le gritó.

Se disparó Juan entre las sonrisas burlonas de los parroquianos.
Abrió la puerta violentamente y se precipitó a una taza de baño: Descansó plenamente. Estaba arrodillado. Sus ojos lacrimosos le impedían ver bien. Pero sus oídos no estaban tapados y así, claramente, oyó a sus espaldas que le decían:-

¿Quieto!¡Rápido la billetera!
Juan obedeció. Entre la bruma de sus ojos empañados le pareció ver a un sujeto enmascarado de su misma estatura. Juan demoraba...
Mejor pásame la chaqueta.-Le arrancó la bufanda y el gorro amarillo. Se los calzó y huyó fuera del local. Nadie se percató del individuo, salvo don Martín del Campo.

¡Vaya!¿Qué le pasará? Se sintió mal y ha querido irse. Lo seguiré por si necesita ayuda. Pagó el consumo y salió del lugar.

Una cuadra le distanciaba del supuesto Juan. De pronto oyó gritos:¡ Toma ésto!-¡Es por el grupo, cobarde!¡Traidor!

Del Campo, tomó un fono y marcó carabineros y ambulancia.

Un patrullero aulló su presencia y luego la sirena de una ambulancia ululó al aire su sirena.

Mientras tanto, en la oscuridad de la noche otro grupo se movilizaba rastreramente, sin comprender lo que sucedía. Pero en sus mentes el mensaje era:¡Qué estupidez hemos hecho!.-Sólo queríamos engañarlo…

El destino se había cruzado en el camino de ellos. Es el amo y señor.
La pandilla fue reducida y confinada a la cárcel. La ambulancia se llevó al malherido.

Don Martín del Campo volvió al Bar, prometiéndose ir luego al hospital.
Ambos se miraron- No se dijeron nada.-Sólo se abrazaron-
¡Vamos a casa ¡. Mañana te compraré un vestón y demás. Es lo menos que puedo hacer por ti.
¿Sólo eso iba a ser su recompensa?- Se dijo Juan, sin mayor interés-

Se abrió la puerta. Juan, nuevamente, vio esos ojos de cielo que le perturbaron cuando los viera por primera vez. Mostraba , en su sonrisa, algo más que la clarividencia que ella había pronosticado, porque el destino la había colocado compartiendo un futuro con un joven rubio, desconocido. Pronto no sería tan desconocido para ella.

La pantalla de la televisión mostró un rostro amoratado en el noticiero policial. A través de la sangre ya coagulada, aparecía un pelo rubio y un joven usando un vestón claro café a cuadrillé; bufanda amarilla y gorro del mismo color.

¡Nico!-pensó Juan.

Ese es el cuadro que vi- dijo Mariana. Luego confesó su parte en el embrollo que tan felizmente había terminado y clavó su cielo tiernamente en Juan disparándole ondas de perdón y amor.
Juan recibió el impacto y meditó…Faltaban detalles…Pero iba comprendiendo.

También sus compañeros vieron aquel noticiero y se preguntaron al unísono ¿Qué hacía el rucio Nico con la ropa de Juan. Sólo tenía que quitarle su billetera para convertir en realidad lo dicho por la falsa pitonisa.

Para bajar el telón de este cuento, regresemos al lugar de estos hechos.
El dueño del Bar está apagando las luces de Neón donde brillaba el nombre del lugar:”El limón verde”. Curioso, muy curioso…

Juan con el tiempo pensaría:”Todos los que vivimos estos momentos estábamos en un plano astral y Mariana, que no es clarividente, pero sí, potencialmente lo es, fue estimulada ante mi presencia y su éxtasis, falso en un principio, se hizo real y quedó en un estado psicofísico especial que le permitió asomarse ligeramente y relacionarse con dicho plano astral y manipularlo.

Y ¿Qué la manipularon?.-Indudablemente al intuir que el amigo mío sería su padre.
Y ¿Lo otro que la estimuló?.-Sin asomos de humildad, Juan se dijo: Pues mis lindos ojos verdes y mi cabello de oro-

Ahora, mejor motivado, que antes de esta aventura, Juan va a cumplir con su Destino y su Universidad.-

11 agosto 2010

EL V I A J E


EL   VIAJE

El bus empezó a rodar lento; luego aceleró y tomó un ritmo que me hizo aletargar ligeramente.

Empezaba nuestra aventura rodante. Ibamos de excursión hacia aventuras estivales desconocidas, sin rumbo determinado. Habíamos dejado nuestras brújulas en el baúl de las cosas olvidadas. Nuestro instinto juvenil sería el encargado de dirigir nuestros pasos y estaríamos a la deriva mientras decidiéramos bilateralmente que sendero por fin elegir.


En nuestro afán de hacer todo bien y llevar las cosas necesarias en nuestras mochilas, olvidamos lo más esencial: la hora de partida del bus.


Cargados, incómodos en nuestra carrera inesperada, pero necesaria, sin entrenamiento previo, sin previo calentamiento, alcanzamos el bus en el minuto penúltimo a su partida. ¡No habíamos reservado pasajes! Ya empezábamos mal. ¿Eramos  jóvenes, no? Y por consiguiente imprevisores.


No habían dos asientos juntos, desocupados. Así que nos dejamos caer en sendos asientos muy distantes uno del otro. Ojalá, que más adelante, con el correr del tiempo no nos ocurriera lo mismo, ya que nuestro anhelo era vivir a concho juntos esta aventura y otras.


Mi amigo Pablo fue siempre mi antítesis: Corpulento, lleno de vida, dicharachero, superficial y en ocasiones muy arrebatado y mal genio. Podría decirse un extrovertido de marca mayor.


Sí, yo era bastante tímido creo, más bien vanidoso, siempre pensando dos o más veces mis decisiones. Era una obsesión no cometer errores y terminaba, inevitablemente, cometiéndolos. ¿Por qué tener que ser así?¿Por qué tener que llevar esta carga sobre mis hombros?. Carga que me aprisionaba, me asfixiaba, me mortificaba.


Un profesor nos comentaba al respecto que el joven siempre se dejaba arrastrar por sus emociones más bien que por su raciocinio. Nuestras decisiones iban a la par con el desarrollo psíquico, es decir, decisiones acertadas y que sólo lograríamos un equilibrio perfecto, una armonía ideal, cuando nuestro intelecto fuera de la mano con nuestras emociones y todo ello cabalgando en aras de la voluntad. Todo ello se lograría, decía el citado profesor, cuando fuéramos “maduros” y madurez implicaba tiempo y el tiempo, a su vez, traía experiencia.


Esto yo lo traducía diciéndome: “que yo era un imbécil, inmaduro, ignorante y desorientado, un bueno para nada". Me comparaba con una hoja al viento, siempre a la deriva, sin iniciativa, dejándome llevar por la opinión ajena, viviendo la vida de otros, y postergando siempre mis ideas; pensamientos que pensaba no agradaban a mis amigos. Puntualmente a mi amigo Pablo, siempre absorbente, siempre argumentando sus decisiones y siempre imponiéndomelas. Yo era demasiado atolondrado para oponerme a él. Además su “elefantiasis” me impresionaba.


¡Ah!...Vacacionar.-Sí, íbamos de vacaciones. Tendríamos un merecido descanso. ¡Vaya!... Ya no estaba muy seguro de ello. Algo me atormentaba y ese algo no era otra cosa que el darme cuenta, definitivamente, que mi conducta como estudiante no había sido la mejor. Había cometido muchos errores: llegaba tarde a clases, desobedecía las mínimas indicaciones que le sugerían sus padres para elevar su rendimiento, desaprovechaba su tiempo libre en ociosos parlamentos con Pablo. En una palabra esa actitud suya de creerse invadido en lo que yo llamaba “mi privacidad, mi espacio personal”, me impidieron oir a las personas que realmente se interesaban por mi: sus padres y profesores.


Pablo, en cambio, con su optimismo desmesurado que lindaba en la irresponsabilidad, en su afán de demostrar que el mundo estaba a sus pies, amo absoluto de su vida, siempre seguro de sí tanto en lo que hablaba como en lo que hacía, me había estado llevando a un estado de confusión que hoy parecía que iba a hacer eclosión.


Tal vez el hecho de planificar el viaje fue positivo pero llevarlo a la realidad estaba haciéndose negativo. Me estaba dando cuenta que ésto se parecía mucho a lo que hasta aquí era mi vida: Tratar de hacer bien las cosas y luego me salían mal. ¿Por qué?


Creo estaba descubriendo la razón de mi desorientación. Por un lado quería que todo me saliera bien: Le ponía empeño,  pero al parecer, poco. Y ese poco iba acompañado de incertidumbre. Pues lo lógico era que al no conocer bien el terreno sobre el cual tomar decisiones me hacía sentir inseguro de los resultados. Necesitaba el apoyo de personas con experiencia, pero a esas personas yo no las escuchaba. Me guiaba por “un sexto sentido” que creía tener y que Pablo me aseguraba poseíamos. Una especie de instinto animal.


Por lo visto ese polémico instinto animal inventado por Pablo, fallaba a cada rato y todo ésto me conducía a un fracaso estrepitoso. Estábamos haciendo las cosas a medias.


Este bochorno de estar sentados lejos uno del otro me irritaba. Yo era su compinche y me sentía frustrado, abandonado y en cierta manera liberado. Esto podría ser el principio de mi independencia.

Sí, no debería estar preocupado. Solo, saldría adelante. Usaría toda mi voluntad para observar mis errores, mis propios errores… No los de mi amigo. Respondería por mis actos. Asumiría mis responsabilidades. Ya no participaría más en conductas compartidas, donde la parte mía se reducía a un porcentaje ínfimo. Esto hacía sentirme liberado de culpa. Total era la culpa de mi jefe. Yo sólo lo seguía. ¡Figúrense, a esa edad ya tenía jefe! Lo que me esperaba era una vida de esclavitud, Hoy día con Pablo y su corte; mañana quizás con quién o quienes.


Empecé a sentirme mejor. Mis pulmones estaban recibiendo nuevos aires que hinchaban de alegría. Mi espíritu se esforzaba por demostrar al mundo mi nueva personalidad. Todo esto parecía suceder demasiado rápido. No era posible. Pero yo sabía que sí.


No era un parto prematuro, ni normal. Era un parto programado. Eso sí, no tenía fecha pero iba a suceder tarde o temprano porque los síntomas eran claro: vislumbraba una desorientación, me quejaba que las cosas no me salían bien, buscaba la razón de ello. Sólo faltaba la situación precisa que hiciera romper las bolsas de agua de mi renacer. 


Y esa ocasión era este viaje que dispensó la oportunidad de autoevaluarme sobre mis insatisfacciones cuando estuve rodeado de sentimientos encontrados.


Por primera vez alcé mi cabeza y observé a la persona que estaba sentada a mi lado. Una rubia espectacular que se mostró inquieta ante mi inquisitiva mirada.-


¿ Se te perdió algo que yo tenga?-lanzò con voz áspera-
No, por favor-dije. Sólo admiraba tu belleza.-
¡Ah!-Murmuró y se volvió hacia la ventana hundiéndose en una modorra naturalmente fingida-


Eso ya no me importaba. Ni tampoco ella me interesaba. Estaba viviendo mi nueva vida. Mi piropo fue sólo un probarme- ¿Era capaz de expresarme sin vacilaciones, sin temor?. Sí, lo estaba demostrando. No me sonrojé, ni tampoco me sentí por el desprecio de esa beldad. No estaba en la onda de buscar pareja. Estaba sondeando mi vida interior mi ego que ahora se estaba acercando a mí y podíamos entendernos y conversar de tú a tú, sin engaños. Él estaba enseñándome a  reconocer mis cosas buenas y mis limitaciones. Me estaba orientando. Me estaba ahora haciendo madurar. Y ese pensamiento me hizo sentir henchido de orgullo y felicidad.


¡No tendré héroes ni ídolos. Miraré a toda la gente como seres humanos y no colocaré a nadie sobre mi mismo en importancia!


¡¡Qué gran sorpresa se llevaría mi amigo Pablo! Mi ex-jefe, mi ex -tutor, mi ex –guía!

08 agosto 2010

LOS CUATRO DARDOS DE CUPIDO


"LOS CUATRO DARDOS DE CUPIDO”


El que no tiembla de amor
no comprende ni conoce
ni cuando sale la luna
ni lo honda que es la noche
ni por qué la hojita es verde
ni porqué mueren los hombres
( Doina popular rumana )

Durante nuestra existencia nos vemos conducidos de la mano de los instintos llamados primarios: el instinto de supervivencia y el instinto de conservación de la especie...Naturalmente hay otros instintos.

Los hechos que deseo narrar están relacionados con el instinto de la reproducción; aquel instinto que nos presiona, nos insta a relacionarnos con una mujer si es hombre y viceversa. Más claro, nos abre camino hacia la relación con el sexo opuesto.

Cuando las hormonas que rigen nuestro instinto sexual empiezan a bullir en nuestro torrente sanguíneo, refiriéndonos sólo a lo que ocurre en el hombre, éste empieza a sufrir una transformación que le deviene de niño en adulto, pasando por una etapa llamada adolescencia donde las dichas hormonas brincan a su regalado gusto y hacen al joven cambiar una enormidad y por muy retraído y calmo que sea, le hace vibrar tan frenéticamente que hizo decir a un pensador: ”Si la juventud es un defecto, muy pronto pasa”.

Poco a poco, paso a paso y en edades parecidas nosotros, los hombres, sentimos que en nuestro ser, en nuestro ser global, aparece un sentimiento nuevo, atrayente que se llama amor.

En mi caso particular, sentí o creí sentir interés por varias jovencitas y también mujeres hechas y derechas. Amores. Amoríos; pasiones que todos sentimos o hemos tenido y que terminan transformándose en nada; simples ilusiones. O bien, concretándose en amores correspondidos, algunos platónicos otros no tanto. Otros que terminan en uniones “hasta que la muerte nos separe” .Y así aparecen amores y desamores. Toda una gama de sutilezas amorosas. ¿Dónde está la novedad de todo ésto? Simplemente no la hay.

Sabemos que en la mitología griega y romana el Dios del Amor era representado por un niño que iba armado de un arco y flechas y le llamaron Eros los griegos y Cupido los romanos. Debo aclarar que para mí Eros es el Dios que representa al amor erótico, a la pasión. Y Cupido representa el amor amor.

La síntesis aclaratoria escrita más arriba nos hace presumir que Eros y Cupido están interviniendo en los hechos citados en forma individual y mezclados. Es un verdadero lío de ambos dioses.

Lo que sucedió en mi vida fueron cuatro hechos amorosos que no están incluídos en la breve reseña anterior porque representan un importante desafío a mi memoria y a mi ego y que dieron y siguen dando aún mucha vida a este corazón donde se supone se cobijan los avatares clasificados como románticos.

Va el primero: mitad de la cuadra donde se encontraba la escuela primaria ( hoy básica) donde estudié, se hallaba una vieja casa habitada por el auxiliar (portero) del Liceo de la ciudad. Frente a su casa, por la vereda iba y venía hacia y desde mi escuela todos los días. Hacia allá muchas veces solitario y a la vuelta acompañado por varios de mis compañeros. Un día, regresando de la escuela, en grupo, en el umbral de la puerta la ví por primera vez. Era una linda jovencita, más bien una niña, de carita redonda, mejillas muy sonrosadas y aquella mirada que me traspasó cabeza, cuerpo y corazón y se quedó anidada en alguna parte de mi infantil humanidad. Después de ese día, mi obsesión era verla, sentir su mirada, captar algún asomo de interés por mí. Fue un aliciente más para ir al colegio. Añoraba su presencia y en dos ocasiones más sentí agitarse mi corazón al verla nuevamente y sonrojarse más al obsequiarme su anhelada y cálida mirada y retirarse rápidamente de su pequeño pedestal de diosa. Hizo a mi infantil vida rodearla de una aureola de felicidad; de un inexplicable sentimiento de alegría que me acompañó por muchos años.

Va el segundo: Era la primavera de mi vida, respiraba juventud por todos mis poros. Cursaba sexto año de Humanidades. La vida me sonreía. Iba como una hoja al viento, ondulando en el aire de mi despreocupación, respirando el aire limpio de un sosiego que yo me creaba y que me conducía a una relativa felicidad. No tenía futuro que me perturbara, ni pasado que me atormentara. Sólo tenía presente y ese presente me llevó hasta la Plaza de Armas de la ciudad, un día domingo. Fue una premonición. Creo más bien una broma del destino. En frente de la plaza, en una esquina se hallaba un grupo de personas del Ejército de Salvación, venidos tal vez de Concepción o Talcahuano. Su música me atrajo y me puse muy cerca de ellos. Pero no fue la música la que robó mi atención. Sino ella, la jovencita de figura esbelta, de cara redonda y mejillas sonrosadas. ¡Era ella, la amada desaparecida!. En realidad, no lo podría asegurar. No importaba. Me miró y se sonrojó más aún. Tornó su cabeza unos instantes y luego me volvió a mirar. Si hubiese sido hielo me hubiese derretido. No me derretí pero nuevamente mi corazón se aceleró, porque frente a mí, por segunda vez, estaba la mujer de mis sueños, la amada deseada que llenaba mi vida, con la que siempre soñé, la que me devolvía la razón de existir. Fue lo más cerca que la tuve. Dos metros, dos miserables metros me separaron de ella. Los hombres hicieron un giro y marcharon y ella se fue con ellos. Mi vista se extasió mientras se alejaba, pero mi corazón entristecía por un instante. Nunca más la ví, pero me dejó un hálito de felicidad porque me miró, y quizás unos segundos me amó. Eso era lo que mi alma reclamaba: gotitas de amor. Cuando estudié en Concepción, inútilmente seguía tras de un Ejército de Salvación que aparecía de vez en cuando. Fue inútil. Ella no era para mí. ¿Acaso mi destino era vivir sin el verdadero amor por el cual añoraba?

Va el tercero: Fue una visión más pasajeras que las otras. Fue para vísperas de Año Nuevo. Todavía seguía en Primavera. La ví cuando íbamos a un baile popular de la localidad. Acompañaba a un hermano mayor, amigos y familiares. Desgraciadamente era de noche. Nos vimos unos minutos. Era jovencita, su carita blancucha, su figura de niña tímida. Sus ojos rompieron la oscuridad para buscar los míos. Dos veces había ocurrido lo mismo. La ví como al descuido en medio de la gente que la acompañaba. Nunca supe quien era y que se hizo. Tal vez me acerqué a ella y conversé. La verdad no recuerdo. Tampoco recuerdo si llegó al lugar donde íbamos. Como esa mariposa llamada efímera. Así, qu¡zás! desapareció de mi vida. ¿Acaso sería un sueño?. No, soñando me dejó hasta hoy día. Son recuerdos de un Cupido juguetón. Nunca me dejaron tristeza, sino un ensueño que abrigó cálidamente mis esperanzas fallidas y le dieron fortaleza a mi vivir para soportar con hidalguía las sorpresas desagradables que el devenir pudiera depararme. Esas tres figuras femeninas me hicieron feliz.

Así como un infante británico, podía entonar: “Con una sonrisa y una canción la vida es alegre como un hermoso día de sol”. Hoy estoy en la plenitud de mi vida. Quizás en un Otoño anticipado y sigo siendo hombre grande porque no he perdido el corazón de niño.

De las tres anteriores “aventuras” románticas, sólo nos unió una mirada. Tan sólo fueron un hermoso e inmenso sueño nacido para compensar mis ansias de conocer a un ser que me sacara de mi eterna soledad. Fueron flechas lanzadas por Cupido, no por Eros.Tal vez quise y aún lo deseo que esos dardos que traen mensajes de amor penetraran profundamente en el sincisio de mi corazón y se quedaran quemando cada una de mis células para energizar la fatiga que consume cuando al final del camino haya alcanzado el amor ideal que anhelamos.

El silencio, la lejanía, el desconocimiento de esas mujeres tan entronizadas en mi mente y corazón, nunca rompieron el encanto que de ellas guardé. No las conocí y eso fue parte de lo hermoso de ese irreal amor. Conocí lo bello, me mostraron la parte loable. Sus defectos nunca me los imaginé. Me quedé enredado en la atracción de esa primera visión que con larguesa me brindaron.

Corrobora estas apreciaciones mías la gran Gabriela Mistral al escribir:”Cuando la vida se pierde en amoríos breves e insípidos se ha de llegar a la vejez sin un recuerdo que lo llene y lo entibie“.

Va el cuarto: Estoy de pie sobre un piso. Teóricamente quiero significar que el mundo está a mis pies, está a mi alcance, no estoy aislado y desde mi imaginario escenario veo mucha gente, muchas me conocen. Pero dentro de ese conglomerado humano nuevamente me encuentro con una bella mujer que emerge claramente, que se distingue y me mira y me habla desde la profundidad de su corazón. Creo me invita a compartir parte de su existencia. Ahora mi ensoñación está más cerca de la realidad. Pero su amor, es una incógnita y una lejanía. Sólo pienso en el futuro (que me va a torturar), aunque no me siento encadenado al pasado. Pero el presente se me escapa. Parado sobre el piso me alzo como en rebelión conmigo mismo. Son muchas situaciones personales que invaden negativamente mis perspectivas amorosas. En una mano sostengo un papel y en la otra una pistola. El papel es un mensaje para ella. No quiero que huya de mi vida como huyeron las anteriores. Le pregunto si puedo apoyarme en la permanencia de su amor. Presiento, adivino su respuesta. ¡Todo es demasiado tarde¡ Aunque le diga que ella cambió la ruta de mi vida y que me hizo sentir como en la gloria. Y en sus ojos vi tanta ternura y yo, sin embargo, poco es lo que tengo si quiere mi amor. La pistola que sostiene mi otra mano pronto habrá de solucionar tontamente mi dilema, mi tormento. Pero debo aclarar que como todo ésto es ficción (¿) y producto de una ensoñación, la pistola dispara agua ( para enfriar mis febriles pensamientos)-No quiero salir herido, no me quiero mojar, porque ella nunca sabrá mi simbólico sacrificio y por tanto, la pistola, tampoco está cargada. La mano que sostiene el mensaje dirigido a ella lentamente comienza a apretar el papel, cada arruga de él es un quejido de mi alma, es un definitivo adiós a un sueño. Finalmente, el papel queda transformado en una pelotita y mi corazón hecho un guiñapo que agoniza. Hay una ventana abierta que da al lugar donde ocurre esta tragedia y tiro la pelotita a través de ella que ha estado esperando cansada este frustrado final.

Bajo de mi improvisado escenario y me dejo caer meditabundo en un sofá. Reflexiono:”En el mejor de los casos la vida reserva muchas desilusiones, sorpresas, frustraciones”. Una húmeda lágrima resbala de mis ojos y pienso: “La causa de mis lágrimas ignoro ¡Pero de vez en cuando se me oprime el corazón…y lloro".